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Internacionales

El fenómeno Guaidó

Juan Guaido desde su tierra natal, el estado de Vargas

Todo comenzó a las 9 de la mañana del domingo con una arepa en un mercado popular. Juan Guaidó se sentó acompañado de cuatro colaboradores, pidió una de queso, otra de pescado y un refresco. Tres horas después estaba subido en lo alto de un camión con un micrófono y una bandera ante miles de personas que coreaban su nombre.

El rumor de que Juan Guaidó había llegado a La Guaira, comenzó a correr de boca en boca desde que puso un pie en su tierra natal y poco a poco comenzaron a acercarse los vecinos.

Si Juan Guaidó extrañaba la normalidad eligió un mal lugar y un mal momento para recuperarla. Como si fuera una estrella de rock, familias, mujeres, jóvenes, trabajadores del puerto y pescaderos del mercado se arremolinaban junto a él. Le fue imposible dar un bocado a las famosas arepas del ‘El Mosquero’ sin que alguien se acercara. Todos querían tocarlo, tomarse una foto o decirle que en él están depositadas sus esperanzas.

Minutos después, unas calles más adelante sostuvo una entrevista con la cantante Rosana Arbelo. La intérprete canaria le preguntó por las islas donde su padre trabaja ahora como taxista. Pero ni siquiera eso pudo ser un acto íntimo. De las ventanas y balcones cercanos se descolgaban los vecinos entre los ladrillos para gritar su nombre. Todo un fenómeno social y político para alguien que hace tres meses era un completo desconocido entre la población.

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“Acabo de verlo y quiero decirle que no podemos más y que él es nuestra última esperanza. Hemos pasado unos días terribles sin agua y sin luz”, explicaba Lucrecia llevándose la mano a la frente junto a algunos de sus vecinos.

A esa hora de la mañana, bajo el inclemente calor del Caribe, Guaidó ya estaba encaramado a un vehículo. Frente a la multitud repitió lo que para sus seguidores es un soniquete que todos repetían como si se tratara de una lección escolar pronunciada en voz alta: “cese de la usurpación, Gobierno de transición y elecciones libres”.

 

Tomado de El País