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Opiniones Politica

LOS SIETE MAGNÍFICOS

ARRIBA EL TELÓN, EMPIEZA LA PELÍCULA 

Isaac M. Hernández Álvarez, Consultor de comunicación y marketing político

Por Isaac M. Hernández Álvarez 

No se si estarás leyendo este artículo o cómo has podido llegar hasta el, de lo que sí estoy completamente seguro es que, si eres capaz de leer unas cuantas líneas más y te relacionas con el apasionante mundo de la política, la comunicación o el marketing político, esta puede ser tu GUÍA, tu ARTÍCULO, tu mejor AYUDA para entender qué está pasando ahí fuera.

Pero antes, debes decidir si me acompañas en estas líneas, ojalá que sí. 

¿Es importante hoy en día tener por objetivo político el ganar las elecciones de cualquier lugar? Créeme, ya no es prioritario. En estos nuevos campos de batalla electoral y con la aparición de nuevos competidores políticos, la obsesión por ganar confunde y hace perder la perspectiva a los representantes políticos y a sus colaboradores.

Esto ya no va de ganar, sino de ser más competitivos y ser más realistas. Es la competitividad política la que lleva al éxito electoral, pero claro ¿cómo se explica esto? siéntate un momento y sigue leyendo.

Los partidos políticos tienen que avanzar, formarse y trabajar concienzudamente en una serie de factores que hasta la fecha han sido en muchos casos olvidados, no se les había dado la más mínima importancia y en el mejor de los casos, a la cola de las prioridades políticas. Seguramente haya más protagonistas en esta “película política”, muchos más actores en el reparto y también más o menos importantes, pero estos son los SIETE MAGNÍFICOS:

LA FIDELIZACIÓN DEL VOTO 

“He trabajado para hombres que me daban mucho… pero jamás he trabajado para alguien que me lo diera todo…”

En este nuevo planteamiento de ideas, organizaciones políticas, confusión de medios de comunicación y el estado de ánimo de la población, el primer objetivo que debe contemplar un partido político es atender y mejorar la relación con su votante a fin.

Los partidos políticos tienen que conseguir afianzar y estrechar lazos con las personas que históricamente han sido fieles a las siglas, no pueden permitirse perder un voto más, ni uno solo.

Pero fidelizar al electorado hace cambiar formas de trabajo en los equipos políticos, el primero de ellos: saber quienes me quieren tal cual soy, quienes son capaces de darme su confianza aún no estando muy conforme con nuestra gestión política, esos que siempre dan otra oportunidad.

Es la psicología del votante la que nos obliga a conocer más sus hábitos, sus necesidades y sus inquietudes. Una vez sepamos quienes son, dirigirnos a ellos y explicarles que forman parte de él, que son parte importante del nuevo proyecto político, que ellos también son componentes y partícipes de la marca política.

No te acuerdes de ellos solo a abrirse un periodo electoral, se detallista con ellos todos los días. 

LA NEGOCIACIÓN POLÍTICA

“¿Por qué tuvo que tocar su pistola? Era una negociación entre caballeros…”

Vayámonos acostumbrando a negociar, negociar y negociar, con otros colores políticos, con nuestros propios miembros del equipo, con el electorado. Cada vez habrá más pactos, salvo que se cambie el sistema electoral, con otras formaciones políticas o candidatos de otros partidos.

Negociar en política implica tablas en la oratoria, conocer bien el lugar donde se entabla la negociación, el estado de ánimo de la otra parte, la negociación conlleva una preparación en técnicas de persuasión, de saber hasta donde se puede llegar. La negociación es ceder y exigir, para esto hay que estar muy preparados.

Lo que se negocia debe de tener un cierto tinte de confidencialidad, si, eso que acabas de leer, confidencialidad y no lo que vemos normalmente con declaraciones a los cuatro vientos o conociendo por los medios de comunicación que hablan los partidos o candidatos sin haber cerrado ningún acuerdo.

Pero negociar no solo con otras siglas políticas, también se puede llegar a pactos con otro tipo de agentes y personas como pueden ser los propios compañeros y dirigentes de partido, incluso la propia ciudadanía. 

LA CLARIDAD DEL MENSAJE POLÍTICO

“Oh, es el mejor disparo que jamás vi. El peor, yo apuntaba al caballo…”

Se acabó el “políticamente correcto”, no creo que a estas alturas se deba explicar que el ciudadano quiere decantarse por ideas y mensajes nítidos y claros. Ya no cuelan los mensajes ambiguos, vacíos de contenidos y sin compromiso real sobre la idea que se quiera transmitir.

Ponte en el lugar de quien escucha porque ha llegado el momento de la verdadera empatía, el mensaje incoloro ha perdido su razón de ser, la escala cromática de los argumentos políticos debe de asentarse en una idea fundamental.

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Una idea y mensaje único del que cuelguen el resto de los conceptos, pero siempre MUY DEFINIDOS, si confundes, la gente optará por el candidato con el mensaje más comprensible, que afortunada o desgraciadamente no siempre es el más conveniente.

EL CANDIDATO IDEAL

“Lo nuestro no son las palabras, lo nuestro es el plomo…”

La luz que va delante es la que alumbra. Cada vez se hace más difícil conformar equipos de gobierno y partidos, sobretodo a nivel local o en ciudades. La aparición de nuevas formaciones en política hace que la selección de componentes para una candidatura sea más disputada, sobretodo aquellos que apuntan buenas sensaciones, eso que llaman la “plancha ideal” la más preparada para llegar a la cima.

Y es dentro de ese conjunto de cualidades, aptitudes, actitudes y otras características donde una figura tiene que sobresalir o verse empujada a la conducción del transatlántico donde todos y cada uno de los miembros de la tripulación es importante.

Un candidato político que cada día que pasa tiene que estar actualizado en el uso de nuevas tecnologías, además, tiene que trabajar todos los días por ser una persona más preparada en todas las facetas de la vida pública, un ciudadano más, pero con altura de miras.

No es mejor candidato quien tiene más cosas que ofrecer, sino aquel que es capaz de hacer predominar sus virtudes por encima de sus defectos. 

LA COMPETENCIA ELECTORAL 

“Hay que pelear la batalla que tenemos enfrente, no atrás…”

Ya no están solos aquellos partidos políticos tradicionales y aquellas siglas esporádicas que muchas veces participaron de las urnas con mayor o peor éxito electoral. Ahora aparecen y están en el mercado electoral muchas más opciones de gobierno, toca ser más competitivos ¿recuerdas?

Es esta competencia la que provoca y libera un mercado de votantes desconocido hasta la fecha, así que o buscas la diferenciación y la auto mejora de tu producto político o caerás en picado en todas las competiciones electorales, en este caso elecciones políticas. ¡Ah! y no te obsesiones en criticar y estar constantemente mencionando a tu competencia, ya no funciona como antes, en realidad nunca funcionó.

La tarta electoral se ha dividido en más pedazos, de ahí lo de intentar ser mejores y no los más grandes. Me da que ese dicho de “El sol sale para todos” ha llegado a la política. No soy capaz de atisbar, al menos de aquí a unos años, la posibilidad de implantar el sistema de segunda vuelta en estos sistemas electorales donde han entrado tantos equipos a competir, tampoco lo descarto.

El arte de la guerra política se compone de muchas estrategias, de muchos apartados a tener en cuenta, de conocer y ser consecuentes con nuestros actos, de asumir nuestras limitaciones y de ser valientes. 

LA IMAGEN DE MARCA POLÍTICA 

“Les ha obligado a tomar demasiadas decisiones. Conmigo sólo han de tomar una: hacer lo que yo digo…”

El talón de Aquiles de muchas siglas políticas. Mientras las marcas comerciales gastan enormes cantidades de dinero en publicidad e imagen de marca y establecen el uso exhaustivo de los diferentes manuales de identidad corporativa, el mundo de la política vive ajeno a la imperiosa necesidad de cuidar su imagen, su identidad política en los diferentes canales de comunicación. En recientes encuestas publicadas, muchos electores han declarado desconocer en algunos casos a quien ofrecían su apoyo en las urnas.

Y eso que en el territorio político el candidato va de la mano de unas siglas a modo de referencia, porque si no fuera así, los resultados serían seguramente peores o todavía más cambiantes. La marca política es la esencia de cualquier proyecto político y no se puede estar cambiando nombres, colores, formatos y otros contenidos tan a la ligera y sin ningún tipo de control

¿Se imaginan a IKEA que cada vez que abriera un centro nuevo en una ciudad cambiara su logotipo, sus colores corporativos, incluso el nombre? ¿Quién ha dado la autorización o por qué se asume tal atribución para usar las siglas de un partido político para apropiarse de ellas y utilizarlas como se crea conveniente? ¿Acaso en la política no debería mimarse y cuidarse de igual manera el uso de marca en toda su organización? 

LA LOGÍSTICA DEL PRODUCTO POLÍTICO

“Un muro nuevo no me impedirá entrar, es para impedirte salir…”

Estamos cegados en la actualidad con las redes sociales, como si no hubiera otra forma de hacer llegar el programa de gobierno, la gestión municipal y a los políticos hasta la ciudadanía. En el mejor de los casos se siguen utilizando las plataformas más tradicionales como las siempre bien agradecidas televisiones, radios y otras.

Por eso quiero usar la palabra logística, hay cientos de definiciones y no quiero ahora hablar de tecnicismos, por eso me quedo con aquella que la define como el puente o el nexo entre la producción y el mercado, la encargada de unir producción y mercado a través de sus técnicas, en política, la que consigue acercar el candidato y su producto al mercado electoral.

En la política actual la logística conlleva planificar y gestionar bien los recursos. Entre sus funciones principales está implantar mecanismos para controlar toda la cadena de distribución del mensaje político, desde su emisor hasta el consumo por parte de la audiencia, siempre con un ojo en que se haga bajo el menor coste posible.

No hay peor sensación en la comunicación política que aquella que se transforma en eco.

Por cierto, los siete magníficos es uno de los westerns clásicos por excelencia de los años sesenta, una de las décadas de la historia más convulsas con una ciudadanía que protestaba y criticaba ferozmente a sus gobernantes políticos: movimientos de protesta contra la guerra de Vietnam, la invasión de las tropas soviéticas en Checoslovaquia, las muertes de John F. Kennedy, Malcolm X, no se a que me suena todo esto…