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El decoro de un magistrado

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  • Juez Alejandro Vargas

    Juez Alejandro Vargas

    Por Fausto Herrera Catalino

Prefiero seguir codeándome con malolientes del Palacio de Justicia”

Juez Alejandro Vargas

Se fraguó una conspiración para obtener el retiro a la postulación del juez José Alejandro Vargas, ante el Consejo Nacional de la Magistratura. La justicia, con su declinatoria, perdió una magnífica oportunidad, por cuanto su gran valoración profesional hacía inminente su escogencia.

Era la encubierta manera de frenar su elección, como en efecto ocurrió. El presidente Medina “justificó a Vargas que lamentaba su decisión, pero que la respetaba.”

El valor inaudito que tuvo el magistrado Vargas, ante explicaciones de los integrantes del órgano, y una que otra petición para reconsiderar su retiro, el actual juez dijo que prefería seguir al lado de “los condenados de la tierra”, a los cuales se refirió en su obra el filósofo y escritor caribeño, de origen martiniqués, Frantz Fanon.

Las falaces argumentaciones y, además, carentes de valores éticos. Muchas hipocresías revestidas de lisonjas –negadas en los hechos- como “siento amor por la inteligencia”, “no votaría por el juez Alejandro Vargas para integrar el Tribunal Superior Electoral (TSE) porque sería una pérdida para el Poder Judicial”, dictó el presidente de la Suprema Corte de Justicia.

Un episodio parecido sufrió el doctor José Francisco Peña Gómez. Este, en 1970, al graduarse en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, obtuvo una beca para estudiar en la Sorbona de París. Pero en la votación del Consejo Universitario, uno de sus miembros se abstuvo y, al enterarse el doctor Peña Gómez, no aceptó el otorgamiento de dicha beca y prefirió marchar a Francia por su cuenta.

Pero, la hidalguía moral del juez Vargas no se asustó. Dijo “Si el Consejo no confía en mí yo no puedo integrar ese tribunal”.

El juez José Alejandro Vargas ofreció un recital de dignidad a los temerosos por su acrisolada integridad. Un juez que sentó cátedra jurídica cuando negó la validación del acuerdo entre el Estado dominicano y la empresa brasileña Odebrecht, sometido por el procurador general de la República, Jean Alain Rodríguez.

¡Qué venganza!, José Ignacio Paliza y Josefa Castillo, miembros del CNM, revelaron que el procurador de la República y el juez Fran Soto se opusieron a que fuera incluido en la lista de los preseleccionados a ser entrevistados.

Pero, la hidalguía moral del juez Vargas no se asustó. Dijo “Si el Consejo no confía en mí yo no puedo integrar ese tribunal”.

En sermón al presidente y del Consejo Nacional de la Magistratura, Danilo Medina, dijo: “Yo le puedo expresar a usted, que cuando baje del trono y no tenga los cortesanos de hoy, sino sus leales amigos y familiares; ellos si se presenta un problema en su contra, seguro que recomendarán al juez Alejandro Vargas, por cuanto saben no permitirá injusticia”.

Los criterios que emitió el decoroso magistrado, lo consagra para la historia. Con su elocuente presentación emuló la frase de Monseñor Fernando Arturo de Meriño al presidente sureño Buenaventura Báez: “tan fácil es pasar del destierro al solio, como del solio a la barra del Senado”.

La felicidad y alegría, por su ejemplar desempeño judicial, lo admira el país. Para mí, contemporáneo, criado en su mismo barrio de Los Guandules, es un testimonio como el orgullo del literato checoslovaco Julius Fucik: “He vivido para la alegría y por la alegría muero. Agravio e injusticia sería colocar sobre mi tumba un ángel de tristeza.”

Su postura lleva en sí el decoro de toda la majestad de la justicia en la tierra.

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