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La ambición desmesurada que llegó al poder

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Logo del Partido de la Liberacion Dominicana

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Por: Dr. Juan Duran

Excatedrático Universidad Autónoma de Santo Domingo

No es suficiente la moral de todos los ciudadanos y ciudadanas para tanta malicia, ambición y corrupción que alberga en la mayoría de los dirigentes del PLD. Una vez llegaron al poder y asumieron responsabilidades de Estado se desvanecieron todos sus compromisos con el pueblo al que juraron defender y desarrollar.

Las dictaduras se derrumban, los tiranos caen, porque los pueblos se levantan con gallardía y gritan a todo pulmón ¡basta ya! Nuestra nación no es ni debe ser la excepción. El generalísimo Rafael Trujillo Molina, aquel autoproclamado ¨Padre de la Patria Nueva¨, fue ajusticiado por valientes dominicanos que no aguantaron más despotismo y arrogancia. Desaparecida la dictadura trujillista, el pueblo dominicano se adhirió a la democracia, procurando con ello participar a plenitud en la defensa de nuestras libertades, preciadas conquistas sociales y un mejor porvenir para todos; en definitiva, se buscaba civilizar las estructuras y los procedimientos del poder político, haciendo posible una convivencia digna en favor de una prosperidad colectiva.

Hoy cuestionamos esa democracia mostrenca y gestada a trompicones y retazos a lo largo de tantos años con una lucha permanente y con muchas vidas perdidas y sacrificios inenarrables. Esta democracia que hoy vivimos ha entrado en una crisis de valores, en una decadencia palpable gracias a la desastrosa gestión del peledeísmo. Hay hechos a la vista de todos: A más de haberse beneficiado grandemente igual a la vista de todos, exhiben comportamiento altanero y grandilocuente, se vanaglorian de cualquier nimiedad y se ha endiosado hasta niveles de farsa cómica. Los escándalos, que se amontonan cada año, les han permitido a la élite del PLD enriquecerse ilícitamente a través de la prevaricación y el cohecho, haciendo de los recursos públicos un botín particular. Por vía de la manipulación electoral han dominado cada estamento del Estado y con ello se han agenciado tratos irregulares con grandes transnacionales para cometer fechorías que les han redituado fabulosas ganancias.

La entrega de la administración pública al comité político del PLD y su nula defensa del interés general en favor del interés personal, han traído consecuencias funestas a la población dominicana de muy diversas maneras: aumento de la delincuencia, incremento del tráfico de drogas, caída de la producción agrícola, mayor desempleo, abandono de la salud pública, desfalcos en el sistema educativo, más impuestos a la población, aumento de las desigualdades sociales, a la vez que se han agenciado con descaro y prepotencia reformas de las leyes electorales para hacerlas a su medida.

Todo parece indicar que desde que asumió el poder el PLD, en la nación campea la desilusión, la desmoralización, el fracaso y el descontento, afectando particularmente a los más desfavorecidos de las riquezas, llevándolos a una miseria atroz. Los gobiernos del PLD han sido abominables, y merecen que todos sus dirigentes a quienes se les demuestre la comisión de actos de corrupción sean condenados por la justicia, se le confisquen los bienes sustraídos y que paguen en la cárcel las graves faltas cometidas en perjuicio de ese pueblo al que prometieron sacar de la miseria.

No es suficiente la moral de tantos ciudadanos y ciudadanas ante tanta malicia y corrupción de aquellos jóvenes que asumieron la responsabilidad de conducir el Estado dominicano por un nuevo camino y que sin embargo, se extraviaron gustosos para ejercer un poder omnímodo que les ha convertido en nuevos millonarios.

Hemos visto como toda una generación de nuevos dirigentes asumía su puesto en la administración pública olvidándose de su compromiso de honestidad, de servir al pueblo que los votó, servir a la patria, servirle al partido. Muchos de ellos jamás han vuelto a visitar sus antiguos domicilios y sus amigos de infancia. La prepotencia que exhiben es de una arrogancia tal que no hay comparación alguna en la historia del país; podemos afirmar sin lugar a equívocos que la riqueza acumuladas de estos señores del PLD supera con creces las riquezas de los Trujillo.

Es desolador el panorama que hacia el futuro inmediato afronta la nación dominicana por culpa de la dirección peledeísta en la cosa pública, y es por ello que quiero llamar la atención de la clase política en general, sobre todo a los que tienen aspiraciones de poder, que va a ser muy difícil recomponer el futuro y pagar la enorme deuda social a la que han condenado a la población quienes un día prometieron ¨servir al partido para servir al pueblo¨.

Es un imperativo moral asumir nuestra responsabilidad y darle un verdadero sentido a la democracia dominicana. De no ser así, nuestra democracia está seriamente amenazada, y hasta podría sucumbir y con ello la esperanza de tantos ciudadanos. No podemos permitir que el pueblo dominicano vuelva a ser sometido a poderes perversos, a designios nefastos, a manipulaciones oscuras. No más latrocinio, no más arrogancia, no más despotismo, no más corrupción, no más impunidad.

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