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Dra. Nery Estévez

CRISIS   DE   IDENTIDAD  MASCULINA 

   Autora :  Nery Estévez – Psicóloga Clínica 

         A propósito de una inquietud exteriorizada por mi buen amigo Jovanny Espino,  desde Punta Cana, mediante una opinión escrita al artículo que recientemente escribimos sobre la “Autoestima Femenina”, me animé a escribir estos párrafos sobre la autoestima masculina, pero…..sin conclusiones, sin recomendaciones, sin respuestas a las múltiples interrogantes sobre el tema, dejando abierto el espacio para la reflexión, discusión y opinión de cada lector. O sea,  será responsabilidad de cada uno de ustedes, mis amigos y amigas, colaborar a que este tema se trate con la amplitud requerida, aportando su opinión y enriqueciendo este diálogo mutuo.  Yo, sólo seré el canal a través del cual iniciaremos este diálogo.

La crisis de identidad masculina es objeto de debate en un foro inusual: el Banco Mundial, que aborda por primera vez el tema en un libro recién publicado con el que busca llamar la atención sobre un "peligroso" problema.  Hasta ahora, el organismo con sede en Washington se había concentrado en ayudar a resolver los problemas de las mujeres en los países pobres, pero María Correia, co-autora junto con el macro-economista Ian Bannon del libro "La otra mitad del género", dice que es necesario prestar más atención a los hombres.                                                                                                        

“Siempre ha existido la percepción de que la sociedad beneficia al hombre, pero lo que vemos ahora es que también le perjudica", dijo a Efe Correia. La escritora insiste en que  ayudar a los hombres a lidiar con los desafíos propios de su género contribuirá a resolver parte de los problemas sociales más crónicos en el mundo en desarrollo, como el crimen urbano, la pandemia de sida y los patrones dominantes de guerra y conflictos. En su libro, "The Other Half of Gender" (La otra mitad del género), Correia y Bannon sostienen que la globalización, los cambios económicos y la pobreza han erosionado el rol tradicional de los hombres como proveedores de sustento económico y los han llevado a afirmar su masculinidad en formas destructivas. Correia destaca que la sociedad dicta que el hombre debe de ser  fuerte, independiente económicamente y jefe de familia".(Citado de EFE).     

Dicen Marqués y Osborne que “uno de los principales mandatos de los modelos de masculinidad hegemónicos actuales, es el de la independencia económica y la provisión en el marco de la familia tradicional, ya que, como norma,  se ha exigido al hombre que demuestre lo importantes que es, cumpliendo con “aquello” que se supone debe hacer un hombre.       

El “trabajo remunerado” ha representado una de las fuentes de poder y recursos más importantes para la generalidad de los hombres, así como una forma de identidad. Y en un escenario de desempleo, empleo precario o subempleo; en definitiva, en un escenario dónde no está garantizado el acceso al “salario familiar”, “se produce un sentimiento de demasculinización –no equiparable al caso de las mujeres-“ (Sánchez-Palencia e Hidalgo, 2001), debido a las resistencias y dificultades de los hombres para adaptarse a una nueva situación social y psicológica en la que ya no son el único sostén de la familia, ya no son  los únicos  que traen el pan a casa.                                                                       

En este fin de siglo las mujeres, en su lucha por la igualdad, están cambiando su relación con el mundo y consigo mismas. El cuestionamiento de la hegemonía del poder masculino y el fortalecimiento de sus derechos como personas/ciudadanas son parte de esta lucha, que desafía los modelos tradicionales de relación entre mujeres y varones. No cabe duda que los varones son concientes de este desafío. Pero, ¿están reaccionando?, ¿cómo?, ¿qué posición están adoptando frente a las nuevas mujeres?.¿Ante los cambios de las mujeres, ellos a su vez están cambiando ?, y si lo están haciendo, ¿en qué dirección?, ¿cuáles son las tendencias dominantes de cambio en los varones en el mundo actual?.¿Cuáles serían las reacciones y cambios deseables en ellos y según qué criterios?, ¿existen modos de estimular dichos cambios?.                 

No es la primera vez en la historia que frente al cambio de las mujeres, los varones individual y socialmente se han visto afectados, pero nunca hasta hoy lo han sido de un modo tan general. Este cambio está generando modificaciones tan globales en las relaciones que ningún varón puede permanecer neutral, ya que al modificarse tan radicalmente el lugar asignado a la mujer en la cultura, esto no puede sino provocar complementariamente un cuestionamiento del propio lugar del varón en el mundo, ante las mujeres, ante los otros varones y ante sí mismo.                                                                       

Uno de los modos con los que se suele describir esta situación masculina es decir que los varones se encuentran en una crisis de identidad. Sin embargo, esta definición no se ciñe a la realidad, ya que las preguntas de quien siente su identidad en crisis (¿quién soy ?, ¿de dónde vengo?,¿adónde voy?) no son planteadas por la mayoría de los varones. Lo que sí es verdad es que, actualmente, hay una gran crisis, pero de legitimación del modelo social de masculinidad tradicional. Dicha crisis quita validación a muchas "verdades" masculinas, entre ellas la de la "naturalidad" de la subordinación de la mujer, lo que genera no una crisis pero sí inquietud y desconcierto a muchos varones.           

Existen pocas investigaciones que se ocupan de esta cuestión. Pero, si a sus conclusiones, agregamos la información que surge de analizar las acciones producidas en los últimos diez años por los movimientos y luchas sociales que tienen a la masculinidad y la posición de los varones como tema principal, algunas de nuestras preguntas iniciales quizás pueden comenzar a ser contestadas.

(Nery es Psicóloga Clínica, con especialidad en Orientación y Consejería, Ex – Consultora en Salud/Comunicación Estratégica del Banco Mundial, Presidenta de la Asociación Dominicana de Desarrollo Humano. E-mail:  neryestevezr@hotmail.com)

                                                                                                                                                          

                                                                                      

    

                                            

EMBARAZOS EN ADOLESCENTES  COMO PROBLEMA SOCIAL        

                                                      (1ra. Parte)

Nery Estévez – Psicóloga Clínica.  

Los embarazos de adolescentes, particularmente las de menos edad, se consideran de alto riesgo, ya que sus cuerpos no han terminado de crecer y aún no han madurado por completo. No obstante, el embarazo en adolescentes ya no es solamente un problema de salud, sino que debido a las consecuencias multidisciplinarias envueltas en la situación y su incidencia en el futuro de la madre y el hijo, el embarazo en adolescentes se ha constituido en un problema de salud pública y social.

Este evento está llamando la atención de los responsables de elaborar e impulsar políticas públicas, coherentes con el entorno y dirigidas a la solución de este problema, en el corto, mediano y largo plazo, como se evidencia en la tesis presentada por Mendoza Castañeda (2006),  los cuales expresan lo siguiente al respecto: “Los adolescentes, en la etapa transitoria del ciclo evolutivo de su vida, son  vulnerables a desarrollar conductas negativas que los conduce a sumirse en el consumo de alcohol, de drogas, reunirse en grupo de pandillas y a la iniciación  sexual temprana.

Por lo mismo, las adolescentes enfrentan el reto de ser madres gestantes sin estar preparadas para afrontar esa  responsabilidad, debido a  su  inmadurez, tanto biológica como psicológica. Esta situación, genera muchas veces  inestabilidad emocional, llevándolas a tomar decisiones sin medir el riesgo que        afecta  su futuro y el de sus hijos”.

El embarazo en adolescentes se da con frecuencia en los estratos socio-económicos         más pobres, pero no es exclusivo de este sector, extendiéndose su frecuencia a todos los   estratos de la sociedad. Según estudios realizados por Rojas e Hidalgo (1990), la frecuencia y consecuencia de los embarazos en adolescentes, varían de país en país, pero siempre se repite la constante de las consecuencias en la vida de la adolescente, comenzando por el abandono  de sus estudios y terminando por su inserción en la pobreza, pobreza extrema y dependencia, en muchos casos, de la beneficencia pública.

La problemática del embarazo en adolescentes urge de intervenciones efectivas, pues conlleva a una cadena de complicaciones en el orden físico, psíquico y social que afecta a las adolescentes, a sus hijos, a las familias y a la sociedad en general. La cifras actuales, según Aparco y Guevara (2005), muestran que la población de adolescentes representa el 20% de la población mundial y que el 85% de la misma, vive en países en vías de desarrollo, como lo es La República Dominicana.

El número de las adolescentes  que se embarazan cada año es difícil de determinar, ya que, sólo se reflejan las que van a los centros de salud. No obstante eso, datos de la Organización “Haciendo Redes en América del Norte” (2003), dicen que de los  trece millones de partos  registrados anualmente en América Latina y El Caribe, dos   millones  corresponden a adolescentes, es decir, el 15% del total.

Tales cifran no dan cuenta de la magnitud real de esta situación, puesto que, consideran sólo los partos de las jóvenes entre 15 y 19 años, obviando las más jóvenes de esa edad. Los organismos de las Naciones Unidas para la Protección para la Infancia (UNICEF), dicen que el porcentaje es aun mayor, situándolo entre un 15 y 26 %. Esta experiencia difícil y, muchas veces traumática, es mucho más frecuente de lo que todos quisiéramos aceptar y, afecta la salud integral tanto de la madre, como del hijo, los familiares y la sociedad en general,  ya que por sus secuelas posteriores se han convertido en un problema social y de salud, en vista de que no sólo se manifiesta en trastornos orgánicos, sino que implica factores socio-culturales, psicológicos y económicos, que afectan tanto a los padres adolescentes como a sus hijos.

Las adolescentes embarazadas corren mayor riesgo de padecer ciertos problemas médicos (como alta presión arterial o anemia que las mujeres embarazadas mayores). También tienen mayores probabilidades de un parto prematuro. Estos riesgos son aún mayores para adolescentes menores de 15 años de edad o las que no obtienen atención prenatal. Las adolescentes también tienen mayores probabilidades de tener enfermedades de transmisión sexual. Es posible que tengas una enfermedad de transmisión sexual y no lo sepan.

Nunca como hasta ahora ha sido mayor la preocupación que genera el embarazo en adolescentes y, esto no es exclusivo de La República Dominicana, un país del tercer mundo. Los Estados Unidos de Norteamérica, un país desarrollado, por ejemplo, donde según los datos de la Oficina de Justicia Juvenil y Prevención de la Delincuencia (2007), afirma que más de 175,000 de las adolescentes norteamericanas que dan a luz cada año, terminan en extrema pobreza y en asistencia social y, que sus hijos tienen 2.7% más de probabilidades de terminar en prisión que los hijos de mujeres de más de 20 años.

El incremento de los embarazos en adolescentes está siendo seguido muy de cerca por los estudiosos de las ciencias médicas y de los de la conducta. De igual manera, los organismos internacionales  responsables de la prevención y atención a este segmento de la población, están dedicando gran parte de sus recursos destinados al gasto social a esta situación, dado las consecuencias que los embarazos en adolescentes generan.

Esta atención y caudal de recursos, hace  que cada año se dupliquen los estudios y consecuentemente, la bibliografía sobre el tema

Cada día se incrementa el porcentaje de la población adolescente en el mundo. Según estadísticas del Almanaque Mundial (2001), en la actualidad la población adolescente representa el 20% de la población mundial. Bonal, Bonal, Made, Martínez, Silva y Zuñigas (2003), citan que “la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Naciones Unidas (ONU), afirman que “hay más de 1,000 (mil)  millones de adolescentes en el mundo y de estos, aproximadamente el 83% (ochenta y tres)  corresponde a países en desarrollo”.

En el informe de la United Nations Populations Fund. UNFPA (2005), se informa que “la actual generación de jóvenes es la mayor registrada en la historia de la humanidad, ya que casi la mita de la población mundial (más de 3,000 millones de personas) tienen menos de 25 años.

Viendo por separado las realidades de la incidencia de la población adolescente en los países que nos ocupan de manera especial en este trabajo, la sociedad en general enfrenta grandes retos en el camino de lograr la disminución de los embarazos en adolescentes, ya que cada día son más las jóvenes que son madres antes de los  19 años de edad. “Haciendo Redes en América el Norte” (2003), revela que “el 15% de los embarazos de El Caribe pertenecen a adolescentes”.

Estos datos son reiterados por  UNICEF, la cual asegura que el porcentaje real es entre 15 y 26%.-Continuará- (Nery es Psicóloga Clínica con especialidad en Orientación y Consejería. Presidenta de la Asociación Dominicana de Desarrollo Humano, Ex – Consultora de Comunicación Estratégica/Salud del Banco Mundial. E-mail: neryestevezr@hotmail.com)

 

       
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