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La crisis de identidad masculina es
objeto de debate en un foro inusual: el Banco Mundial, que aborda por
primera vez el tema en un libro recién publicado con el que busca llamar la
atención sobre un "peligroso" problema. Hasta ahora, el organismo con sede
en Washington se había concentrado en ayudar a resolver los problemas de las
mujeres en los países pobres, pero María Correia, co-autora junto con el
macro-economista Ian Bannon del libro "La otra mitad del género",
dice que es necesario prestar más atención a los
hombres.
“Siempre ha existido la percepción de
que la sociedad beneficia al hombre, pero lo que vemos ahora es que también
le perjudica", dijo a Efe Correia. La escritora insiste en que ayudar a los
hombres a lidiar con los desafíos propios de su género contribuirá a
resolver parte de los problemas sociales más crónicos en el mundo en
desarrollo, como el crimen urbano, la pandemia de sida y los patrones
dominantes de guerra y conflictos. En su libro, "The Other Half of Gender"
(La otra mitad del género), Correia y Bannon sostienen que la globalización,
los cambios económicos y la pobreza han erosionado el rol tradicional de los
hombres como proveedores de sustento económico y los han llevado a afirmar
su masculinidad en formas destructivas. Correia destaca que la sociedad
dicta que el hombre debe de ser fuerte, independiente económicamente y jefe
de familia".(Citado de EFE).
Dicen Marqués y Osborne que “uno de los
principales mandatos de los modelos de masculinidad hegemónicos actuales, es
el de la independencia económica y la provisión en el marco de la familia
tradicional, ya que, como norma, se ha exigido al hombre que demuestre lo
importantes que es, cumpliendo con “aquello” que se supone debe hacer un
hombre.
El “trabajo remunerado” ha representado
una de las fuentes de poder y recursos más importantes para la generalidad
de los hombres, así como una forma de identidad. Y en un escenario de
desempleo, empleo precario o subempleo; en definitiva, en un escenario dónde
no está garantizado el acceso al “salario familiar”, “se produce un
sentimiento de demasculinización –no equiparable al caso de las mujeres-“
(Sánchez-Palencia e Hidalgo, 2001), debido a las resistencias y
dificultades de los hombres para adaptarse a una nueva situación social y
psicológica en la que ya no son el único sostén de la familia, ya no son
los únicos que traen el pan a casa.
En este fin de siglo las mujeres, en
su lucha por la igualdad, están cambiando su relación con el mundo y
consigo mismas. El cuestionamiento de la hegemonía del poder masculino y el
fortalecimiento de sus derechos como personas/ciudadanas son parte de esta
lucha, que desafía los modelos tradicionales de relación entre mujeres y
varones. No cabe duda que los varones son concientes de este desafío. Pero,
¿están reaccionando?, ¿cómo?, ¿qué posición están adoptando frente a las
nuevas mujeres?.¿Ante los cambios de las mujeres, ellos a su vez están
cambiando ?, y si lo están haciendo, ¿en qué dirección?, ¿cuáles son las
tendencias dominantes de cambio en los varones en el mundo actual?.¿Cuáles
serían las reacciones y cambios deseables en ellos y según qué
criterios?, ¿existen modos de estimular dichos cambios?.
No es la primera vez en la historia
que frente al cambio de las mujeres, los varones individual y socialmente se
han visto afectados, pero nunca hasta hoy lo han sido de un modo tan
general. Este cambio está generando modificaciones tan globales en las
relaciones que ningún varón puede permanecer neutral, ya que al modificarse
tan radicalmente el lugar asignado a la mujer en la cultura, esto no puede
sino provocar complementariamente un cuestionamiento del propio lugar del
varón en el mundo, ante las mujeres, ante los otros varones y ante sí
mismo.
Uno de los modos con los que se suele
describir esta situación masculina es decir que los varones se encuentran en
una crisis de identidad. Sin embargo, esta definición no se ciñe a la
realidad, ya que las preguntas de quien siente su identidad en crisis
(¿quién soy ?, ¿de dónde vengo?,¿adónde voy?) no son planteadas por la
mayoría de los varones. Lo que sí es verdad es que, actualmente, hay una
gran crisis, pero de legitimación del modelo social de masculinidad
tradicional. Dicha crisis quita validación a muchas "verdades" masculinas,
entre ellas la de la "naturalidad" de la subordinación de la mujer, lo que
genera no una crisis pero sí inquietud y desconcierto a muchos
varones.
Existen pocas investigaciones que se
ocupan de esta cuestión. Pero, si a sus conclusiones, agregamos la
información que surge de analizar las acciones producidas en los últimos
diez años por los movimientos y luchas sociales que tienen a la masculinidad
y la posición de los varones como tema principal, algunas de nuestras
preguntas iniciales quizás pueden comenzar a ser contestadas.
(Nery es Psicóloga Clínica,
con especialidad en Orientación y Consejería, Ex – Consultora en
Salud/Comunicación Estratégica del Banco Mundial, Presidenta de la
Asociación Dominicana de Desarrollo Humano. E-mail: neryestevezr@hotmail.com)
EMBARAZOS EN ADOLESCENTES COMO
PROBLEMA SOCIAL
(1ra. Parte)
Nery Estévez – Psicóloga Clínica.
Los embarazos de adolescentes, particularmente las
de menos edad, se consideran de alto riesgo, ya que sus cuerpos no han
terminado de crecer y aún no han madurado por completo. No obstante, el
embarazo en adolescentes ya no es solamente un problema de salud, sino que
debido a las consecuencias multidisciplinarias envueltas en la situación y
su incidencia en el futuro de la madre y el hijo, el embarazo en
adolescentes se ha constituido en un problema de salud pública y social.
Este evento
está llamando la atención de los responsables de elaborar e impulsar
políticas públicas, coherentes con el entorno y dirigidas a la solución de
este problema, en el corto, mediano y largo plazo, como se evidencia en la
tesis presentada por Mendoza Castañeda (2006), los cuales expresan lo
siguiente al respecto: “Los adolescentes, en la etapa transitoria del ciclo
evolutivo de su vida, son vulnerables a desarrollar conductas negativas que
los conduce a sumirse en el consumo de alcohol, de drogas, reunirse en grupo
de pandillas y a la iniciación sexual temprana.
Por lo
mismo, las adolescentes enfrentan el reto de ser madres gestantes sin estar
preparadas para afrontar esa responsabilidad, debido a su inmadurez,
tanto biológica como psicológica. Esta situación, genera muchas veces
inestabilidad emocional, llevándolas a tomar decisiones sin medir el riesgo
que afecta su futuro y el de sus hijos”.
El embarazo
en adolescentes se da con frecuencia en los estratos
socio-económicos más pobres, pero no es exclusivo de este sector,
extendiéndose su frecuencia a todos los estratos de la sociedad. Según
estudios realizados por Rojas e Hidalgo (1990), la frecuencia y consecuencia
de los embarazos en adolescentes, varían de país en país, pero siempre se
repite la constante de las consecuencias en la vida de la adolescente,
comenzando por el abandono de sus estudios y terminando por su inserción en
la pobreza, pobreza extrema y dependencia, en muchos casos, de la
beneficencia pública.
La problemática del embarazo en adolescentes urge de
intervenciones efectivas, pues conlleva a una cadena de complicaciones en el
orden físico, psíquico y social que afecta a las adolescentes, a sus hijos,
a las familias y a la sociedad en general. La cifras actuales, según Aparco
y Guevara (2005), muestran que la población de adolescentes representa el
20% de la población mundial y que el 85% de la misma, vive en países en vías
de desarrollo, como lo es La República Dominicana.
El número de las adolescentes que se embarazan cada año es
difícil de determinar, ya que, sólo se reflejan las que van a los centros de
salud. No obstante eso, datos de la Organización “Haciendo Redes en América
del Norte” (2003), dicen que de los trece millones de partos registrados
anualmente en América Latina y El Caribe, dos millones corresponden a
adolescentes, es decir, el 15% del total.
Tales cifran no dan cuenta de
la magnitud real de esta situación, puesto que, consideran sólo los partos
de las jóvenes entre 15 y 19 años, obviando las más jóvenes de esa edad. Los
organismos de las Naciones Unidas para la Protección para la Infancia
(UNICEF), dicen que el porcentaje es aun mayor, situándolo entre un 15 y 26
%. Esta experiencia difícil y, muchas veces traumática, es mucho más
frecuente de lo que todos quisiéramos aceptar y,
afecta la salud integral tanto de la madre, como del hijo, los familiares y
la sociedad en general, ya que por sus secuelas posteriores se han
convertido en un problema social y de salud, en
vista de que no sólo se manifiesta en trastornos orgánicos, sino que implica
factores socio-culturales, psicológicos y económicos, que afectan tanto a
los padres adolescentes como a sus hijos.
Las adolescentes embarazadas corren
mayor riesgo de padecer ciertos problemas médicos (como alta presión
arterial o anemia que las mujeres embarazadas mayores). También tienen
mayores probabilidades de un parto prematuro. Estos riesgos son aún mayores
para adolescentes menores de 15 años de edad o las que no obtienen atención
prenatal. Las adolescentes también tienen mayores probabilidades de tener
enfermedades de transmisión sexual. Es posible que tengas una enfermedad de
transmisión sexual y no lo sepan.
Nunca como hasta ahora ha sido mayor la preocupación que
genera el embarazo en adolescentes y, esto no es exclusivo de La República
Dominicana, un país del tercer mundo. Los Estados Unidos de Norteamérica, un
país desarrollado, por ejemplo, donde según los datos de la Oficina de
Justicia Juvenil y Prevención de la Delincuencia (2007), afirma que más de
175,000 de las adolescentes norteamericanas que dan a luz cada año, terminan
en extrema pobreza y en asistencia social y, que sus hijos tienen 2.7% más
de probabilidades de terminar en prisión que los hijos de mujeres de más de
20 años.
El incremento de los embarazos en adolescentes está siendo
seguido muy de cerca por los estudiosos de las ciencias médicas y de los de
la conducta. De igual manera, los organismos internacionales responsables
de la prevención y atención a este segmento de la población, están dedicando
gran parte de sus recursos destinados al gasto social a esta situación, dado
las consecuencias que los embarazos en adolescentes generan.
Esta atención y caudal de recursos, hace que cada año se
dupliquen los estudios y consecuentemente, la bibliografía sobre el tema
Cada día se incrementa el porcentaje de la población
adolescente en el mundo. Según estadísticas del Almanaque Mundial (2001), en
la actualidad la población adolescente representa el 20% de la población
mundial. Bonal, Bonal, Made, Martínez, Silva y Zuñigas (2003), citan que “la
Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Naciones Unidas
(ONU), afirman que “hay más de 1,000 (mil) millones de adolescentes en el
mundo y de estos, aproximadamente el 83% (ochenta y tres) corresponde a
países en desarrollo”.
En el informe de la United Nations Populations Fund. UNFPA
(2005), se informa que “la actual generación de jóvenes es la mayor
registrada en la historia de la humanidad, ya que casi la mita de la
población mundial (más de 3,000 millones de personas) tienen menos de 25
años.
Viendo por separado las realidades de la incidencia de la
población adolescente en los países que nos ocupan de manera especial en
este trabajo, la sociedad en general enfrenta grandes retos en el camino de
lograr la disminución de los embarazos en adolescentes, ya que cada día son
más las jóvenes que son madres antes de los 19 años de edad. “Haciendo
Redes en América el Norte” (2003), revela que “el 15% de los embarazos de El
Caribe pertenecen a adolescentes”.
Estos datos son reiterados por UNICEF, la cual asegura que
el porcentaje real es entre 15 y 26%.-Continuará- (Nery es Psicóloga
Clínica con especialidad en Orientación y Consejería. Presidenta de la
Asociación Dominicana de Desarrollo Humano, Ex – Consultora de Comunicación
Estratégica/Salud del Banco Mundial. E-mail: neryestevezr@hotmail.com)
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