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Importancia de la supervisión de obras 

 Por Stalin Vladimir 

En las postrimerías del primer siglo, después de cristo, Sixto Frontino, quien se desempeñaba como superintendente de construcción del acueducto romano, escribió, refiriéndose a las obras hidráulicas bajo su supervisión, que “todas las partes del trabajo (de una obra) deben hacerse de acuerdo con las reglas del arte, que todos los obreros saben, pero pocos cumplen”.

Es más que ilustrativo pues, que aun en los inicios de nuestra era se ha tenido conciencia de la importancia de la supervisión, a pesar de lo experimentada que pueda ser la mano de obra y la dirección técnica.  

Una obra se concibe, se diseña, se ajusta y se planifica antes de entrar en etapa constructiva. Todo esto puede llevarse a cabo por apenas un puñado de personas entre diseñadores y consultores, que plasman el proyecto en láminas de papel manejables y fáciles de revisar. Pero la ejecución de un proyecto, puede contar con cientos o miles de colaboradores llevando a cabo decenas de tareas disímiles en diversos frentes de trabajo accionando en cientos o miles de metros cuadrados de construcción.  

En esta etapa del proyecto, llamada por algunos como la fase de la ejecución y el conflicto es donde se hace imprescindible el papel de la supervisión, como una entidad que aun estando involucrada con la obra no se absorbe en ella para dar cumplimiento efectivo a su papel y permitirse un trabajo objetivo.  

El contratista o ejecutor de la obra esta sometido a presiones de diferente índole propias del proceso constructivo y muchas veces conminado y reducido a un contrato que le impone penalizaciones y límites de tiempo en la realización de las actividades que conforman el presupuesto. No es casualidad que la inmensa mayoría de gazapos y errores en una construcción no provengan de falla en los materiales, errores de cálculo o deficiencias en el diseño, sino que tienen su origen en  inadvertencias  de la dirección técnica y deslices y omisiones en los procedimientos de ejecución. Precisamente en estas situaciones se concentra el ojo avisor de la supervisión.  

 La supervisión esta pues, esta por encima de las urgencias, el apremio y las presiones que conlleva la ejecución de una obra y basa su gestión en la labor constante de  supervigilancia e interventoria, recogiendo y previniendo en la medida de lo posible errores que implicarían ulteriormente aumento de costos y tiempo en la ejecución de la obra y sobre todo,  revistiendo de confiabilidad y transparencia todos los procesos y mediciones para tranquilidad del propietario.

El supervisor vela pues por que la obra se ejecute conforme al cronograma acordado, (tiempo)  que quede correctamente terminada usando los criterio técnicos de la buena ingeniería, (calidad) y que las soluciones y procedimientos llevados a cabo, no impliquen, en lo posible, perjuicios financieros extraordinarios para el propietario.(economía) El seguimiento de estos aspectos en el desarrollo de un obra es la competencia fundamental de la supervisión.  

Pero la supervisión, como muchas otras disciplinas, no es efectiva sino la ejerce un  personal técnico especializado en estas labores. Ser buen constructor no garantiza ser buen supervisor. La supervisión demanda de quien la ejerce, que este en condiciones de poner en marcha al unísono un conjunto de acciones preventivas, de acciones de verificación y acciones correctivas que armonizadas entre si y organizadas de una manera racional definen lo que se conoce como método de supervisión, cuya aplicación  define el fracaso o el éxito de la gestión de interventoría, lo que en otras palabras podría significar el éxito o fracaso del proyecto. 

Las acciones preventivas son las más importantes a llevar a cabo por el supervisor. El buen supervisor planifica y hace sub-programas de ejecución con los contratistas poniendo énfasis en las actividades críticas en las cuales debe tomar parte activa de manera obligatoria. (replanteo de elementos estructurales y muros, verificación de niveles y aplomes de encofrados, chequeo de alturas y niveles de arranque de techos y plafones, seguimiento de las obras de acabados y terminación etc.) Estas verificaciones, conforme a las especificaciones en los planos,  de ninguna manera debe hacerse por simple apreciación visual,  procede pues el auxilio, como herramientas de trabajo indispensables, de los instrumentos de rigor para tales fines.   

Al final, el buen supervisor no es aquel que más cosas corrige, sino en el que más perjuicios previene.  El buen supervisor pues, no solo debe tener conciencia sobre como deben quedar las cosas, debe también de ser capaz conocer a fondo los procesos de ejecución y ser capaz de comunicar con propiedad  y seguridad la manera correcta en que deben llevarse a cabo dichos procesos. 

Hoy por hoy la supervisión, se ha convertido en una verdadera profesión especializada que demanda de quien la ejerce una alta cuota de responsabilidad, criterio técnico y profesionalismo y se puede aducir sin medias tintas que la supervisión más que ser importante en una obra, definitivamente  es imprescindible en ella.

 

stalinvladimirc@yahoo.com

 

 
       
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