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En esencia, se trata de aprovechar la
expansión global para impulsar procesos de transformación productiva y
desarrollo de capacidades que permitan a los países de la región ampliar y
modificar sus modalidades tradicionales de inserción internacional,
agregando valor y conocimiento a sus productos. Este es el mensaje central
del documento La transformación productiva 20 años después. Viejos
problemas, nuevas oportunidades, que la Comisión Económica para América
Latina y el Caribe (CEPAL) presentó hoy en su Trigésimo segundo período de
sesiones, que se realiza en Santo Domingo, República Dominicana.
Se sostiene que desde un punto de
vista estructural, la región atraviesa por un buen período, en el cual las
favorables condiciones externas se han traducido en una mayor demanda,
abundante liquidez de los mercados financieros, mejores precios de las
materias primas y un fuerte crecimiento de las remesas.
Sin embargo, persisten en la región
algunos “viejos problemas” de naturaleza estructural, los mismos que
llevaron a la CEPAL a adoptar la idea de la transformación productiva con
equidad hace 20 años.
Se reconoce que la región atraviesa
por dificultades de corto plazo impuestas por la desaceleración económica
en Estados Unidos y al alza de los precios de los alimentos y los
combustibles.
Por ello, hoy esta comisión regional
de las Naciones Unidas reexamina aquella visión para abordar las nuevas
oportunidades que se presentan y apunta a la diversificación y al desarrollo
de espacios en donde se conjugue el aprendizaje tecnológico, la innovación y
la competitividad como núcleo de las estrategias de desarrollo futuro.
La CEPAL propone dos orientaciones
básicas: generar una cultura de la innovación que permita crear y
beneficiarse de las oportunidades a partir de nuevas propuestas; y detectar
y hacer buen uso de las oportunidades que el mundo ofrece, así como aprender
de las experiencias y avances de otras regiones.
En el informe se presenta un estudio
de seis patrones de aprendizaje sectorial para identificar los elementos
necesarios para fortalecer las ventajas comparativas dinámicas y explorar
nuevos senderos de aprendizaje a nivel de sectores y empresas. Las áreas
examinadas son: la industria manufacturera tradicional y la de exportación
(maquila en sus diversas modalidades), el complejo agroalimentario, la
minería metálica y los servicios turísticos y empresariales.
En cada una de ellas hay oportunidades
de las cuales beneficiarse, pero los procesos no son espontáneos. Se
requiere crear capacidades y políticas públicas para aprovecharlas, en
cooperación con el sector privado.
Razones para un cierto optimismo
En su documento, la CEPAL indica que
la región no ha conseguido muchos avances en la calidad de sus
exportaciones, tal como muestra el precio que alcanzan los productos que
América Latina y el Caribe vende al exterior, que es inferior al de los
mismos productos provenientes de países desarrollados.
Pero justamente aquí se presenta una
oportunidad y por ello hay tres razones que avalan un cierto optimismo.
Existe un contexto de aumento y
diversificación de la demanda, de creciente fragmentación de la producción,
y de tecnologías que requieren de adaptación local. Los países de la región
han desarrollado ciertas capacidades que deben profundizarse en los mercados
internacionales. La experiencia de varios países de Asia sugiere que es
posible escalar en las cadenas de valor y moverse a los segmentos más
intensivos en conocimiento, y desarrollar un entramado de pequeñas y
medianas empresas a su alrededor, siempre y cuando haya un desarrollo de las
capacidades tecnológicas necesarias para lograr esto.
De igual forma, es necesario superar
los problemas de corto plazo de la integración regional, ya que una mayor
coordinación económica entre países facilitaría enormemente la tarea. De lo
contrario, la velocidad de los cambios en el mundo puede convertir a las
oportunidades en meras ilusiones.
Búsqueda de consensos y financiamiento
Según la CEPAL, para tener éxito en el
proceso de transformación productiva se deben implementar estrategias de
mediano y largo plazo que expresen el interés nacional. Es decir, deben ser
parte de una búsqueda de consensos más amplios, ya que las sociedades con
mayores niveles de cohesión social son capaces de forjar mejores estrategias
e instituciones y de generar la confianza necesaria para implementar las
reformas.
A la hora de financiar estas
estrategias se plantean dos desafíos: cómo mantener un equilibrio entre los
sectores tradicionales y aquellos con mayor potencial, traspasando recursos
desde los primeros a los segundos sin eliminar incentivos; y en segundo
lugar, cómo invertir los recursos, para hacerlo con eficacia y en pos de un
objetivo claro.
En síntesis, sólo se podrá avanzar
hacia la transformación productiva mediante la combinación de políticas
económicas y sociales que se basen en tres ejes fundamentales: el progreso
técnico, el empleo productivo y la acumulación de capital humano. Si se
logra este objetivo, la región estará más cerca de llenar el “casillero
vacío” del crecimiento con equidad que planteó la CEPAL hace 20 años.
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